lunes, 8 de agosto de 2011

Se nota, se siente, el sur está presente

¿Qué es la cultura? La cultura no es más que una serie de mecanismos insertados en nuestra mente que nos llevan a categorizar lo que es normal y lo que no lo es. Estos mecanismos no se forman de manera casual, no son una revelación celestial ni fruto de nuestras propias decisiones, pues incluso éstas están influenciadas por la misma cultura. La cultura responde a la estructura de la sociedad, a las relaciones que se establecen entre sus miembros y, por tanto, su finalidad es legitimar un orden establecido (no a modo de conspiranoia contra los de abajo, sino a todos los niveles)

En nuestra sociedad, vivimos nuestra propia explotación como un hábito más, aceptamos el orden que vivimos tratando de racionalizarlo mediante características que atribuimos con toda tranquilidad a la naturaleza inmutable del ser humano: individualismo, egoísmo, competencia, meritocracia, racionalidad... Realmente muy pocas veces, o muy pocas personas, nos detenemos a pensar qué habrá de cierto en estas afirmaciones de la misma manera que pocas nos damos cuenta de que los supuestos principios que rigen nuestra sociedad no se cumplen.

Este fin de semana he sido testigo emocionado de la fuerza de la Revolución de Sol, pero también lo he sido de su miedo a creerse a sí misma, de su miedo a romper con la cultura dominante que nos tiene alienados, apartados de nuestro verdadero potencial. El 15-M basa su fuerza en su amplísima aceptación social y por eso tiene miedo de ir más allá, lo que asemeja su comportamiento a un partido de masas o a una empresa que quiere vender su producto. No intenta derribar los pilares morales que justifican el orden establecido porque pretende que hasta las ancianas seguidoras de Intereconomía tengan bien concepto del movimiento ¿Es esto creíble?

Hace tiempo que dejamos de hablar de simplemente fomentar la participación ciudadana y cambiar la ley electoral. El objetivo que planteó inicialmente Democracia Real Ya ha trascendido para convertirse en la búsqueda de un nuevo paradigma de justicia, de un cambio total de estructuras a nivel mundial ¿Puede hacerse esto desde la cultura que justifica el capitalismo de consumo? Sin duda no. No es posible cuando se trabaja bajo la pesada losa del “civismo”, ese concepto que nos lleva a intentar hacer una revolución no ya sin violencia, sino también sin pintar en las paredes, sin trepar a una farola o sin tirar basura al suelo.

El 15M no sólo tiene la obligación de luchar políticamente como hasta ahora por aquello que considera justo, sino que también tiene el duro trabajo de crear una nueva legitimidad y una nueva moral. Aunque la visión estratégica sea importante, no puede perder su tiempo en obsesionarse con “dar buena imagen” o en el qué dirán mediático. Sólo con unos nuevos preceptos morales que deslegitimen los actuales podrá tener una fuerza real, dada por sí mismo y no por su audiencia como si fuese un programa de televisión.

Somos no violentos no porque no queramos alterar el orden, sino porque ese supuesto orden es violento y no queremos caer en su juego. Pintarle la chaqueta a una diputada a la que le sobra el dinero es violencia y pedimos perdón por ello, pero que el FMI dicte unas normas que aumenten el 40% los suicidios en Grecia es sólo una triste consecuencia de designio divino. Subirse a una farola a vitorear el triunfo es no respetar el mobiliario urbano, pero nadie grita en el congreso al diputado que vota a favor de reducir lo presupuestos para ambulancias y que lleva a morir a muchos pacientes antes de llegar al hospital. Se abuchea al que pinta sobre el muro del Cuartel General del Ejército pero nadie parece escandalizarse con las ventas de armas a dictadores genocidas, se nos machaca con las barbaries del comunismo y luego se habla de víctimas de la hambruna y no del capitalismo...

Tenemos la razón. Es el arma más poderosa que poseemos y de la que ellos carecen. Sabemos que el mundo que vivimos es un espejismo y éste se está desvaneciendo ahora que se pone el sol. Luchar por algo implica no respetar algo por no creerlo digno de respeto y, por tanto, ganarse la adversión de aquellos que piensan al contrario. Tenemos nuestros principios y a ellos no podemos renunciar por ganar el apoyo de la mente poco crítica. Hacerlo es darle la razón a quienes se lucran a costa de la inseguridad humana, a quienes nos han obligado a avergonzarnos de nuestro propio cuerpo y de nuestra mente si no se parece a lo que ellos les conviene que se parezca.

Se trata de una batalla por recuperar la esencia humana y de retomar el derecho a construirse a uno mismo más allá de la fabricación en serie de vasallos y consumidores, que es a lo que lleva la cultura del mundo gobernado por las empresas. Es una lucha a la que le sobran argumentos y legitimidad, pero a la que aún le faltan guerreros que griten más fuerte y con más fe en lo que dicen.

viernes, 5 de agosto de 2011

carta a telefónica.

Por nosotros

Me llamo Bruno Díaz González. He sido cliente de su compañía desde hace siete años. A día de ayer, decidí darme de baja para pasarme a Yoigo argumentando que sus tarifas resultaban mucho más económicas, a sabiendas de que tarde o temprando recibiría una llamada de Movistar intentando convencerme de que no realizara la portabilidad. No me equivocaba: esta mañana recibí la llamada de uno de sus trabajadores, que desde la amabilidad me invitó a no abandonar el barco ofreciéndome cada vez más y más a cada "no, gracias, ya la decisión está tomada" que yo le respondía. Llegado el punto, este señor, claramente haciendo el trabajo que se le había mandado, me informó de la finalización del acuerdo entre Movistar y Yoigo para compartir red de cobertura. Entonces llegó el momento en que se dio cuenta de que mi decisión era irrevocable : "Pues el día que se pase usted a Yoigo se dará cuenta de que no tiene cobertura para nada y va a quedar incomunicado". Pregunto yo, ¿hasta este punto llega su falta de vergüenza que llegan a amenazar y chantajear a sus clientes con tal de que no dejen de pagarles unas cantidades desorbitadas por un par de llamadas al mes? Me he sentido completamente insultado y decepcionado con el trato que nos dan, aunque seguramente sólo soy uno más de la montaña de quejas y reclamaciones que se les acumulan. No culpen ustedes a quienes trabajan atendiendo las llamadas de la manera que ustedes les indican. Sus trabajadores ya tienen bastante con el brutal recorte de plantilla de 8500 empleados que van a llevar a cabo a pesar de tener Telefónica unos beneficios históricos de 10000 millones de euros, más que el propio Banco Santander.

Si se trata de decir la verdad, les comunico que la verdadera razón por la que cambio de compañía y la razón por la que llevo un mes sin realizar llamadas a través de ustedes es la inmoralidad insoportable y vergonzosa de dejar en la calle a 8500 personas en la calle, dejando a muchas de estas sin un sustento económico para sus familias, condenándolas a buscar desesperadamente un nuevo trabajo precario, a vivir con otros familiares por no poder pagar la hipoteca o incluso mandando a alguno a vivir de la caridad. No sé si han visto las noticias últimamente o eso de "la sociedad" les suena a chino, pero la gente no sólo se ha cansado de ser robada y ninguneada, sino que está cobrando consciencia de que esto no se puede tolerar ni un minuto más. Empezamos a darnos cuenta de que tenemos la telefonía móvil más cara de Europa y sobre todo si lo comparamos con nuestros salarios (los que tienen suerte de tener un salario) y de que esto se va a acabar. Por de pronto, yo he convencido ya a dos personas más para que se cambien a Yoigo. Es una empresa privada de telefonía, sí, pero son de esas para las que el término "libre competencia" tiene algún tipo de sentido (hasta que, por supuesto, se absorbida por Movistar, Orange o Vodaphone porque a la vista está de que la tres son el mismo monopolio y que no van a permitir que nadie les coma terreno)

Me despido de ustedes, los altos responsables, ofreciéndoles un saludo tan cordial como el trato que ustedes nos dan (doy libertad para imaginar) y me despido también de sus trabajadores enviándoles un abrazo y deseándoles lo mejor para su futuro (incluído el que me ha atendido esta mañana, que trató siempre de mantener un tono cordial a pesar de que se le ordenaba hacer no era compatible) Espero que conserven su puesto o que se marchen con el orgullo de no tener que pertenecer a una empresa tan denostada por la verdadera opinión pública, una empresa que tanto daño nos hace a todxs. Hasta nunca y no vuelvan a contar conmigo para nada.

la primavera.

Nos han venido eso de que somos egoístas por naturaleza, malos por naturaleza, agresivos por naturaleza... Cuando lo único que es seguro es que por naturaleza somos lo que nosotros queremos ser. Cuando hacemos barbaridades, tenemos más de profecía autocumplida que de instinto predador. Eso lo tengo clarísimo.

Estas son nuestras armas

despertares del 15 de mayo.

#acampadatenerife

Nos criticarán por izquierda y derecha estos días, no lo duden. Unos nos acusarán de aburguesados infantiloides que juegan a la revolución y otros nos tacharán de peligrosos antisistema. No se extrañen: son todos estos años de apatía y resignación, de pensamiento único, que los han vuelto cínicos, frívolos y escépticos. Unos no aceptan que el cambio no haya llegado con sus ideas y otros simplemente no aceptan el cambio.

A los primeros les diría que se equivocan. A los segundos les diría que se equivocan también.

Piensen lo que piensen ambos, nosotros no hemos empezado esto. El sistema, por su propia naturaleza, ha empezado a destruirnos a nosotros y, por tanto, a sí mismo. Mejor, no hablemos de sistema: hablemos de un monstruo que ha escapado a nuestro control. Una serie de relaciones de poder y de dinero que han crecido más allá de nuestro control, más allá de toda codicia y de toda capacidad de predicción. Un monstruo que cada vez tiene más hambre, que come personas, que se come la Tierra…

No es la primera vez que este monstruo se nos va de las manos en la historia. Ni la segunda, ni la tercera. Pero sí es esta la primera vez que las personas que debían amansarlo no han hecho absolutamente nada a parte de ofrecernos en sacrificio. Nadie quiere (o puede) regular las operaciones financieras ni garantizar un mínimo de bienestar a lxs ciudadanxs para que se mantenga el nivel de consumo. Se acaba el petróleo. Todo se está precipitando y todavía hay quienes intentan fingir calma.

Nos está tocando pasarlo mal. Ahora, después de treinta años de neoliberalismo y de desmantelar nuestro futuro, el monstruo está dejando de enseñarnos la cara amable que nos mostraba en décadas anteriores, aunque en la mayor parte del mundo siempre fue una atroz criatura que atacaba de manera invisible.

Ya se ha salido a la calle a lo largo de ese tiempo en muchos países de Europa, se han hecho enormes huelgas que han intimidado a gobiernos, se han producido disturbios aterradores, han dimitido políticos… ¿Por qué entonces es interesante lo que ha pasado esta última semana en España? ¿Por qué somos noticia si los griegos llevan dos años luchando con uñas y dientes por sus derechos y su dignidad? ¿Qué ha conseguido el 15M? El 15M no ha producido ningún cambio político en España, nada más allá algún corte de calles.

Puede que con un frío análisis político no seamos capaces de ver qué significan los acontecimientos de estos días, pero como alguien que los ha vivido en primera persona, que ha compartido la experiencia con jóvenes y viejos, con personas con las que jamás pensé que podría tener algo en común, puedo decir que lo realmente grande de todo esto ha sido la ilusión. La ilusión de saber que tanta gente quiere lo mismo que tú sin parecerse a ti y saber que están dispuestxs a luchar por ello con todo el respeto y toda la rabia al mismo tiempo. La ilusión que hace nacer fácil la poesía de tus labios cada vez que miras hacia cualquier rincón. Yo, particularmente, no he parado de repetir la palabra “acojonante” y nunca la había usado en mi vida. Una vez he probado esa ilusión, estoy seguro de que estaré buscando sentirla el resto de mi vida y estoy seguro de que lxs demás también lo harán.

A algunos esto les sonará sentimental, a lírica de revolucionario principiante del tres al cuarto. A panfleto sesgado por la emoción del momento. Pero lo que no pueden negar es que la ilusión es el combustible de la revolución, del cambio hacia algo mejor, y que surge donde menos te lo esperas, cuando menos te lo esperas y de la manera más inesperada. Es algo bonito que me han enseñado sobre la ilusión.

Apenas hemos empezado. Hemos dado un primer paso y ni siquiera hemos aprendido a caminar, pero no me cabe duda de que vendrán otros y que los daremos con más gente, todos persiguiendo sentir ese algo otra vez.

Porque estamos hastiados, estamos ultrajados, estamos enfadados. Porque votar es lo menos importante de la democracia, porque es sólo un mecanismo para perseguir la justicia social, su verdadero fin, y por desgracia eso ya no lo tenemos. Porque todo se ha corrompido, todo se está pudriendo, porque ya no confiamos las reglas que hay, porque ellos no las respetan, porque ya no las sentimos nuestras. Porque nos lo quitan todo, nos lo roban todo: nuestro dinero, nuestra educación, nuestros derechos, nuestro futuro, nuestra dignidad, nuestros sueños.

Ladrones de mundos: jódanse porque tenemos esperanza. Hemos despertado, hemos descubierto qué es lo que merecemos y no tenemos miedo.